Alicia Mateo Manzo.
La tradición purépecha ha sido la base de la michoacana Alicia Mateo, quien a través de las enseñanzas propias de su pueblo y de su familia, logró dominar el arte de la cocina Michoacana, desde los diversos tipos de atoles y panes hasta la elaboración de quesos y las atapakuas. Hoy en día, comparte los sabores de su región con los comensales en  su espacio de venta “Jóskwa con sabor a tradición”, ubicado en Morelia. Ha sido ganadora del primer lugar de la categoría Raíces en los  Encuentros de cocina tradicional, organizados por SECTUR.
Antonina González Leandro.

Aprender sobre la pesca y la cocina a temprana edad fue fundamental para que Antonina se convirtiera en la maestra cocinera que es hoy. La relación directa con la madre tierra es una de las convicciones más firmes de Antonina, quien procura que la mayoría de los productos que cocina provengan del huerto de su traspatio.

Orgullosamente fue parte del comité que viajó a Kenia, representando a las cocineras mexicanas en el acto donde la UNESCO otorgó a México el reconocimiento a la cocina mexicana como Patrimonio de la Humanidad.
Blanca Delia Villagómez Estrada.
Los aromas y sabores de la comida de Blanca pueden remontarse a generaciones atrás, a las recetas y el sazón de su abuela paterna y de su mamá, de quienes Blanca logró aprender el arte de la cocina.  El gran placer de Blanca es ver que a la gente le guste lo que ella cocina: ““yo sentía bonito que a la gente le gustara lo que yo hacía”, platica con alegría. Desde hace 8 años participa en los encuentros organizados por la SECTUR y también, tiene un espacio de venta de comida en su pueblo.
Carlos Ayala Suarez.
Desde hace 4 generaciones, la familia de Carlos se ha encargado de transmitir el arte de hacer carnitas. A sus 22 años, Carlos ha logrado aprender a cocinar el icónico platillo de Quiroga, Michoacán: las carnitas. Sin embargo, no sólo es hacer las carnitas, sino aprender todo lo que conlleva su preparación: desde escoger al mejor animal hasta alimentar las hogueras con leña que le dan un toque diferente al sabor de sus carnitas.
Catalina García.
Originaria de Tzintunzan, desde niña iba al campo a cortar chilacayotes, flores calabaza y elote, entre otros. En su juventud, comenzó a apoyar y a aprender en restaurantes y en el negocio familiar, logrando estar a cargo del menú en un restaurante. Más adelante, abre su primera enramada que se convirtió en lo que es hoy es su propio restaurante en Tzintzuntzan, en donde sirve los platillos típicos de la región como los charales y el pescado blanco.
Eduardo Martínez.
Es parte de la cuarta generación dedicada al oficio de la carne y su transformación. Eduardo sabe de la crianza y sacrificio de los animales. De su padre aprendió a hacer el chicharrón, las barbacoas, las birrias y las carnitas; de su mamá sigue aprendiendo y perfeccionando las diferentes preparaciones. También, nos cuenta, su mamá le enseñó que “todo se hace con amor, y así sean frijoles hay que servirlos con gracia”.
Esperanza Galván.
A los 7 años Esperanza entra al mundo de la cocina.  Aprende a recolectar hongos, quelites, y también a saber cómo tratar las matas de maíz para cortar las hojas. Logra memorizar los sabores del mole tatemado, las atapakuas y los atoles, entre muchos más. Reconocida por su sazón, está a cargo de realizar los platillos de las fiestas de cargo (mayordomías). Esperanza ha colaborado con chefs en diferentes restaurantes, y ha representado a Michoacán en eventos de cocina tradicional en otros lugares del país.
Estelina Solorio.
El valor de los ingredientes frescos, a escoger las frutas, carne y verdura, y a hacer tortillas son algunas de las enseñanzas que su abuela le transmitió a Estelina. Al casarse con un pescador, a Estelina se le genera un mayor gusto por cocinar el pescado fresco. “Me gusta hacer el caldo michoacano, con el pescado aún brincando”, menciona.  De su mamá aprende la venta de tortillas, frijol y aguacatas (gorditas rellenas de frijol), que hasta hoy en día vende en el mercado de Pátzcuaro.
Francisca Cira Bernabé.
Francisca aprende de su mamá sus primeras viandas, las atapakuas de verduras y de carne, los percances al rescoldo, las salsas de molcajete, a hacer tortillas, a transformar los quelites con arte y a obtener los mejores sabores. Su deseo de aprender más cada día, la lleva a convertirse en aprendiz de su tía Cecilia, maestra cocinera, de quien aprende los sutiles sabores de la cocina de San Lorenzo, para brindar en cada bocado solo la fuerza y amor que genera la cocina de tradición.
Francisco Pureco Zúñiga.
Don Francisco ha logrado revolucionar el negocio familiar que heredó de venta y elaboración de tostadas y tortas. Hace 10 años, su esposa innova al meter dentro de la torta una tostada, creando la especialidad del restaurante: la torta de tostada. Desde 1965 Don Francisco se ha involucrado en el oficio de vender las tostadas y tortas, utilizado un horno de cobre para calentar las tortas, lo que le ha valido el reconocimiento de los pobladores de Santa Clara, así como la de sus visitantes.
Israel Fuentes Cuiris.
Nace en la ciudad de Pátzcuaro el 9 de abril de 1978, él es parte de la tercera generación dedicada a la venta de corundas (tamal tradicional del estado de Michoacán), la historia comienza con la venta de corundas por parte de su abuela la cual tenía un pequeño puesto, el cual fue heredado a su mamá una vez que falleció su abuela. Interesado en la labor de la cocina, se aventura en el negocio y comienza a participar por invitación en el encuentro de cocinas de Michoacán, organizado por Sectur en el 2009, al mismo tiempo que comienza a construir su pequeño negocio, hoy cuenta ya con una microempresa familiar que al lado de su esposa han hecho crecer, la cual se llama “once patios” dedicada a la venta de corundas y tamales. Texto: Karina Alanís Fotografía: Israel Fuentes
Ma. de Jesús Camargo.
Los atoles, los guisados, y las sopas son algunos de los platillos que Ma. de Jesús aprende a cocinar al lado de su mamá, pero es la especialidad de su mamá lo que se convertiría en su sello característico: el pollo en artesa. Al casarse con un panadero, crea varios rellenos para empanadas, que son muy gustadas en su barrio de Santa Clara del Cobre. Pero, hoy en día, el pollo en artesa sigue siendo lo que identifica a Ma. de Jesús
Ma. de los Ángeles Alfaro Ortiz.
“Acá tenemos muchos moles, el tatemado, el cutchi atapakua, el mole de queso, el chusana atapakua, el bisteck de puerco y todos tienen un porqué y se sirven en ocasiones diferentes” comenta Ángeles con orgullo de su pueblo Zacán. Ha participado en el encuentro de cocineras tradicionales, ganando el primer lugar en platillo de rescate con la preparación “Sopa de Maíz”, y un reconocimiento por su mole tatemado, reconocimiento que comparte con otra cocinera de su comunidad.
Ma. Victoria Galván.

Victoria es amante de las tradiciones. Es la cuarta generación de su familia dedicada a la preparación del borrego tapado, y también es panadera, “yo sigo haciendo la levadura casera”, también conocida como masa madre, nos platica.

Le gusta cocinar los platos tradicionales de su pueblo como son las atapakuas de hongos, res, habas, charalitos y hacer chuscutas (tortillas) y huamaras (tortillas más gruesas) para acompañar los alimentos.

Martha García.
Martha es originaria de Tzintzuntzan. Junto con su hermana, trabaja en la difusión y la valoración de la cocina de su pueblo. Recuerda su niñez como la mejor etapa de su vida,  cuando la golosina que consumía era la fruta, que el árbol del cerezo daba en temporada.  En su infancia jugaba en el ekuaro (sistema etnoagroforestal propio de Michoacán), recolectando chilacayotes, flores calabaza y elotes.
Mireya Talavera Cervantes.

Mireya comienza a cocinar a los 7 años. Siempre al lado de su mamá fue aprendiendo diferentes preparaciones, iniciando con las tortillas, pasando a moler con molcajete y a asar chiles, sus tareas iban haciéndose más complejas conforme ella aprendía, hasta lograr crear otros platillos por sí misma.

De su mamá, quien también es maestra cocinera, aprende a hacer el mole y las corundas. Hace 8 años se independiza de su mamá y comienza con su propio equipo para presentarse en los encuentros de cocineras.

Miriam Ornelas.
A los 12 años comienza a cocinar. Aprende de su mamá la elaboración de platillos con torreznos de brócoli, caldos y sopas de habas y lentejas. A los 20 años aprende de su familia política a cocinar los diferentes platillos de la comunidad de Tarerio, adquiriendo cada vez más experiencias gastronómicas. En el año 2003 comienza a participar en el mercado de la Ranita para el Domingo de Ramos y en el encuentro de las cocineras del estado. En 2011 recibe el reconocimiento como nuevo valor emitido por SECTUR.
Nevería Pacanda.
Su origen se remonta al año de 1905. Está  reconocida por diferentes instancias gubernamentales como  la creadora de la nieve de pasta.  También ofrece otros sabores como las nieves de limón, zarzamora, zapote, mamey, fresa, guanábana, y toda clase de frutas de temporada como el membrillo, ciruela, camote y mango, entre otros.
Norma Alicia Urbina Ángel.
Norma aprende desde niña a hacer tortillas. Al lado de su abuela, aprendió a realizar las alquimias del mole, a ejecutar con sutileza y destreza las atapakuas, a replicar los aromas que despiden las ollas con uchepo y a preparar el tradicional atole de grano. Asimismo, heredó los conocimientos gastronómicos de su suegra de la elaboración de la soricua y el mole de iguana. Ganó el primer lugar en el evento estatal de cocineras tradicionales con la elaboración de pozole de trigo.