Alicia Mateo Manzo.

Alicia nace un 04 de diciembre de 1973, en un pueblito lleno de tranquilad y colmado de tradiciones purépechas, originaria de Tarecuato, municipio de Tangamandapio, donde la actividad principal era y sigue siendo la siembra de la milpa. Comunidad en la cual existe una gran variedad de atoles, habiéndolos dulces, salados, ácidos, picantes, agrios, de frutas, de semillas entre muchos otros, en donde los panes toman las formas de los animales del bosque, los panaderos con sus mágicas manos modelan para ceremonias especiales conejos, culebras, pajaritos. Y las manos ávidas de las mujeres bordan vistosos huanengos llenos de color con las formas tradicionales de estrella en punto de cruz.

Su papá era migrante, por lo que creció al cobijo de la familia extendida, donde su familia nuclear fue acogida y aprende al lado de su abuela Agustina, los delicados sabores de la cocina de la meseta, observando la gracia que poseía su nana, absorbe los saberes de las atapakuas, los frijoles, los atoles de fruta como el capulín, el zitun, el toqueri y el nuríte. Complementando las labores del campo, aprende también a transformar la leche de las vacas en queso tallado en forma de búho.

Sin embrago es de su papá de donde hereda el gusto y la pasión por cocinar, ya que regresaba al tiempo de las fiestas del pueblo, para cocinar en las mismas, abriendo las entrañas de la tierra para colocar en su seno caliente las deliciosas birrias y sacando de su cazo de cobre las olorosas carnitas listas para ser, puestas sobre las mesas de fiesta de la comunidad.

Al terminar su preparatoria es becada por la Universidad Don Vasco AC de Uruapan, donde se titula como Licenciada en Trabajo Social. Alicia se casa y hoy tiene una familia al lado de su esposo y sus hijos, actualmente trabaja en la Escuela Nacional de Estudios Superiores unidad Morelia, UNAM y colabora en la UMSNH, en el Centro de Investigación de la Cultura Purépecha, entre los proyectos que ha emprendido se encuentra su aportación para el desarrollo de la app “Vamos aprender Purepecha”, además de hacer traducciones del español al purépecha y viceversa.

También promueve la cocina de su región, participa recopilando los saberes de su comunidad y cuenta con un espacio de venta llamado “Jóskwa con sabor a tradición” en la ciudad de Morelia en Servibazar Camelinas.

Ha participado en los Encuentros de cocina tradicional, organizados por SECTUR, ganando el primer lugar en la categoría Raíces. Es parte de las iniciadoras de la muestra que se realiza en la Ranita en la ciudad de Uruapan. Gano el primer lugar en el primer encuentro “Mano a mano, cocineras tradicionales y ancestrales en parhanguas y chefs del estado de Michoacán”.

Texto: Karina Alanís Fotografía: Alicia Mateo Manzo

Antonina González Leandro.

Antonina, nació el 23 de Marzo en el año de 1962, en un poblado, lacustre, a orilla del Lago de Pátzcuaro en el municipio de Tzintzuntzan,  Michoacán,

Ella es descendiente de una familia purépecha, cuya actividad económica principal era la pesca. Muy joven, inicia sus labores en la cocina al lado de su abuela paterna, posteriormente con su mamá. Al parejo de sus labores en la cocina, aprendía al su papá el oficio de la pesca. Siendo muy joven desarrollo, con un grupo de artesanos,  sus habilidades en la fabricación de adornos hechos con tamo (fibra vegetal de trigo), convirtiéndose en su líder. Se ha especializado en el bordado de huanengos (blusas tradicionales) al estilo antiguo. Ha sido galardonada varias veces por su trabajo.  Antonina cree firmemente en la importancia de mantener una relación directa con la madre tierra, por ello, trata de que todos los productos que cocina los pueda producir ella en su huerto de traspatio; junto con a su familia mantiene la tradición del cultivo y cuidado de la milpa.

Trabajo para la Dirección de Culturas Populares (CONACULTA); colaborando en diversas publicaciones: “Paranguas hogar de manjares michoacanos” de Adalberto Rios Szalay, Cristina Barros y Presciliano Rosales, en la monografía de Tarerio, Cuentos y leyendas de la región de Patzcuáro.

Es extensa su trayectoria como cocinera, participa, desde hace 30 años,  en la “Feria de Semana Santa” que se realiza en la plaza de las Ranas en Uruapan. Es pionera del “Encuentro de Cocina Tradicional” que se realiza en Morelia, cuenta con el nombramiento de Maestra Cocinera emitido por el gobierno del estado de Michoacán.

Al lado de la maestra cocinera  Doña Juanita Bravo, viajó a Nairobi, Kenia, representando a las cocineras de México, al acto donde se otorgó a México el reconocimiento,  por parte de la UNESCO,  a la cocina mexicana como Patrimonio de la Humanidad.

Ha participado en festivales como “Morelia en Boca” y en “DARDO”, festival de mezcales en la Ciudad de México, ha llevado la cocina michoacana a diversos lugares de la República como Yucatán, Guadalajara y la Ciudad de México. Grabó programas para la serie de televisión “Secretos de Parangua” del Sistema Michoacano de Radio y Televisión, también ha sido entrevistada por diversas televisoras como canal 11, canal 13 y televisa, así como por canales de Argentina y Estados Unidos.

Al lado de Marta Ortiz Chapa participó en una cena en el restaurante Los Mirasoles, realizado en el marco del festival Morelia en Boca y en clase demo al lado de Zahie Téllez, ha impartido clases en escuelas de la Ciudad de México en donde ha compartido su amor por la cocina y el conocimiento sobre el aprovechamiento de la biodiversidad del entorno que habita.

Mujer michoacana, cocinera, emprendedora, trabajadora, líder, artesana y pescadora, ejerciendo oficios ancestrales, orgullosa de su comunidad y de ser michoacana.

Fotografía y texto: Karina Alanís Martínez

Blanca Delia Villagómez Estrada.

Nace el 09 de octubre de 1976 la última hija de seis, crece en un hogar dedicado a las artesanías y a la cocina, su papá es alfarero de loza verde, café y colorada, a la par es tejedor de piezas con paja de popotillo de trigo y artesanía con hojas de maíz, en la actualidad solo ejerce las dos últimas. Su mamá ama de casa y cocinera del pueblo, elaborando las comidas de fiesta social.

Los sabores que sus preparaciones poseen y los aromas que estas despiden son de herencia “nosotros tenemos la sazón de mi abuelita, mi mamá aprendió con ella, con la mamá de mi papá”, así fue aprendiendo entre lavar trastes, limpiar chiles para moles y hojas para corundas, para después integrarse a las tareas de preparación.

Hace diez años pierde a uno de sus hermanos lo que la hace refugiarse en la comida, siendo así que salió de su tristeza, comenzando a vender cenas por las noches “yo sentía bonito que a le gente le gustará lo que yo hacía”.

Hoy en día cuenta con un espacio de venta en su pueblo natal, ofreciendo servicio de almuerzos y comidas, ha participado en el encuentro organizado por SECTUR desde hace ya 8 años, recibiendo reconocimientos y menciones especiales por sus recreaciones de la cocina de su pueblo.

Texto: Karina Alanís Martínez Fotografía: Blanca Delia Villagómez Estrada

Carlos Ayala Suarez.

Carlos es originario de Quiroga, al día de hoy cuenta con 22 años y trabaja al lado de su padre, Carlos Ayala Calderón, el cual cuenta con una experiencia de 20 años en su negocio propio, su hijo aprendió de él, el oficio de hacedor de carnitas. Pero no solo experimentó, a hundir en los cazos la carne y a realizar las alquimias de los sabores del tan conocido platillo icono del pueblo de Quiroga, también observo al lado de su padre la importancia de buscar los mejores animales, a sacrificarlos con cuidado y esmero y siguiendo la regla de alimentar las hogueras con leña, lo que imprime a sus preparaciones un toque distintivo, para poder servir los buenos sabores.

Carlos es parte de un oficio generacional, ya que él, es la cuarta generación dedicada a la elaboración de las carnitas.

Texto y fotografía: Karina Alanís
Catalina García.

Catalina es originaria de Tzintzuntzan municipio de Salvador Escalante, es la cuarta hija y la mayor de las mujeres. Su papá era leñador y su mamá ama de casa, además de las labores de la casa su mamá vendía cena por las noches.

Considera que su niñez es la mejor etapa de su vida, cuando en su poblado aún no había carretera ni tiendas, y podía jugar entre los surcos del ekuaro (sistema etnoagroforestal propio de Michoacán), lugar donde era enviada a cortar, chilacayotes, flores calabaza, elotes. “No deseábamos nada, porque no necesitábamos nada” menciona Catalina. Jugando a vender comida construía al lado de sus hermanas chimeneas de lodo, replicando las preparaciones de su mamá.

Ya en su juventud trabajo como ayudante de mesera en el restaurant la Trojé de Ala, a la par de estudiar y seguir apoyando a su madre en la venta de alimentos por la noche.  Después de varios años llevo la batuta en el restaurante “Los Cedritos” donde decidía el menú y estaba como encargada de la cocina. Una vez casada abre una taquería al lado de su esposo, pero la cierra para atender a sus hijos, y le dan la oportunidad de vender postres los fines de semana en el restaurante “Los Arcos”, después de unos años decide abrir su primera enramada, para con el tiempo transformarla en lo que hoy es su pequeño restaurante en Tzintzuntzan. Lugar donde sirve los platos que gustan los visitantes a la par de los platillos como charales, pescado blanco que son distintivos de su terruño.

Ha participado en los últimos encuentros de las Cocinas Tradicionales, organizadas por SECTUR.

Texto: Karina Alanís Fotografía: Catalina García

Esperanza Galván.

Originaria de la comunidad de Zacan, hija del señor Arturo Galván Ruiz y de la señora Ernestina Hernández Valencia, es la quinta hija de nueve hermanos. Comienza el ejercicio de la cocina a muy temprana edad, a los siete años, practicaba la molienda en metate y molcajete, además de echar tortillas de forma esplendida, bajo la instrucción de su madre.

Fue así como desarrollo el gozo por cocinar los platillos familiares, así como los de temporada utilizando lo que la naturaleza les proveía, aprendiendo a transformarlos y recibiendo el conocimiento, herencia de su madre, sus abuelas y tías. Le trasmiten su experiencia en la recolección de hongos, quelites y otros ingredientes, a saber, al dedillo como tratar las matas de maíz para cortar sus hojas, las cuales son utilizadas en las corundas y tamales; memorizando los sabores del mole tatemado, las atapakuas de queso, carne, nopales, habas y los aromas de atoles de zarzamora, aguamiel, el negro, tamarindo y atole de leche entre otras muchas preparaciones.

Contrae matrimonio muy joven y busca apoyar en la manutención del hogar, confeccionando comida para la venta como: tortillas, elotes y uchepos. Años después con la ayuda de sus hijas mayores vende antojitos por las tardes en el pueblo de Zacán. La Señora Esperanza reconocida por su sazón, es buscada para realizar los platillos de las fiestas de cargo (mayordomías) así como para fiestas familiares y sociales, destacando los tamales de frijol con cuchiatapacua, nacatamales y churipo para la fiesta de todos santos, mole tatemado para bodas y el toroatapakua.

En el año del 2003 es invitada a la ciudad de Uruapan a preparar una comida para funcionarios, gustando su sazón lo que desencadena en ese mismo año en su participación para el segundo encuentro de cocineras tradicionales del Estado de Michoacán, obteniendo en varias participaciones reconocimiento a los sabores de su cocina.

Ha representado a Michoacán en diferentes eventos de cocina tradicional en otros estados y ciudades de la República. Y participando al lado de chef en algunos restaurantes, para cenas temáticas.

Texto: Karina Alanís Martínez Fotografía: Tomada de la página “Copas y Corchos”.

Estelina Solorio.

La Sra. Estelina nace un 19 de diciembre en San Francisco Uricho, siendo la primogénita de ocho hermanos, es la mayor depositaria de los saberes familiares.

Su papá dedicado a la tierra y su mamá ama de casa, aprende a trabajar y amar la tierra al lado de su padre, conoce las faenas del campo, recuerda a su padre arando la tierra con la yunta tirada por animales, mientras ella le seguía, enderezando las callas del maíz que se llegaban a ir de lado. Mientras su mamá llegaba al campo con el bastimento, con tortillas calientitas y olorosos guisados, para después compartir la comida en familia. A la par de las labores de la casa su mamá era vendedora de tortillas, frijol y agucatas (gorditas rellenas de frijol), llevándolas al mercado de Pátzcuaro.

Estelina es criada y formada como una mujer de comunidad, aprendiendo los valores de reciprocidad y respeto, es iniciada en la cocina al lado de su abuela, aprendiendo de ella, lo importante de los ingredientes frescos, a saber, escoger las frutas, verduras y carne, hacer tortillas, después de ver partir a su abuela, sigue su enseñanza con su mamá.

Estelina se casa y su esposo es pescador y campesino, lo que genera un mayor gusto por cocinar el pescado bien fresco, “me gusta, hacer el caldo mich, con el pescado aun brincando”.  Hereda la venta de tortillas, frijol y aguacatas, en la actualidad sigue vendiendo en el mercado de Pátzcuaro, y también recibe comensales en su casa.

Ha participado en el Encuentro de Cocinas Tradicionales del estado, ganado premios y reconocimientos.

Texto: Karina Alanís. Fotografía: Tomada de la página de SECTUR.

Francisca Cira Bernabé.

Francisca es originaria de San Lorenzo Municipio de Uruapan, es la quinta de seis hermanos, habla purépecha y también el castellano.

Su papá fue agricultor,  a la par criaban vacas y toros, por lo que establecieron una pequeña carnicería que ofrecía cada quince días carne de res, siendo su papá quien sacrificaba el animal y su mamá quien lo comercializaba, aprovechando en absoluto todo,  vendían la carne fresca, la cabeza en tacos, en barbacoa y vendían carnitas los domingos;   Francisca menciona que “en ese tiempo todo era más despacio, no como ahora que todo es rápido”, por lo que, la carne que no era vendida se trasformaba en tasajo, al igual que los percances.

Su papá muere, dejando viuda a su mamá, por lo que crece al lado de sus abuelos, dedicados a la madera y a la construcción de trojes, venta de tablones de madera, en las ciudades de  Uruapan y Apatzingan. Mientras esto pasaba ella jugaba en los grandes patios de la familia, así lo recuerda “desde chiquita con las tablitas, hacia mi cocinita y ahí ponía una paranguita para cocinar, hacía pastelitos de aserrín, y ponía mis trastecitos y florecitas”, replicando con sus compañeros de infancia, las reglas de la mesa donde había que esperar al papá para comer todos juntos, siendo solo la mamá o la persona de mayor edad, la que podía servir porque era signo de respeto el repartir los alimentos. Con ese gusto por jugar a guisar, observando a su mamá aprende sus primeras viandas, las atapakuas de verduras, a trasformar los quelites con arte y obtener los mejores sabores, las atapakuas de carne, los frijoles, los percances al rescoldo, las salsas de molcajete y tortillas.

Con su curiosidad por aprender más, busca ser aprendiz de su tía Cecilia, quien es hoy Maestra Cocinera y bajo su tutela recibe sus saberes y le trasmite los cuidados, para mezclar recrear los sutiles sabores de la cocina de San Lorenzo, para brindar en cada bocado solo la fuerza y amor que genera la cocina de tradición.

Desde hace años participa al lado de su tía en los encuentros estatales de las cocinas tradicionales, ganando ya en una ocasión un reconocimiento especial por el platillo presentado. Francisca contrae nupcias a los 25 años y comienza a participar como cocinera en los encuentros, siempre integrando a su familia en su equipo.

Hoy a los 27 espera su primer bebe.

Texto: Karina Alanis Martínez. Fotografía: Francisca Cira Bernabé.

Francisco Pureco Zúñiga.

Don Francisco nace en Santa Clara, el 26 de diciembre de 1946, creciendo en una familia dedicada a la elaboración de tostadas de carne apache, su papá era cuidadoso y meticuloso en las preparaciones, como era la costumbre de la época, las salsas, frijoles eran molidos en metates, las tortillas se confeccionaban de forma artesanal, moliendo en metate el maíz y aplaudiéndolas. Al contraer matrimonio, su esposa se suma al trabajo de hacedora de las preparaciones propias del oficio. Una vez que muere su papá, Don Francisco toma el mando del negocio al lado de su esposa, sus hijos y sus familiares.

Con el paso del tiempo, se incorpora al negocio la preparación de las tortas. Hace 10 años en un momento donde su esposa al estar sola en el negocio, siente hambre y se le ocurre meter dentro de la torta una tostada, es ahí donde nace la especialidad que ahora los distingue, la torta de tostada.

Desde 1965 Don Francisco, ha ejercido el oficio de vender las deliciosas tostadas y tortas, utilizado un horno de cobre para calentar las tortas, lo que le ha valido el reconocimiento de los pobladores de Santa Clara, así como la de sus visitantes. El amor y pasión a su oficio ha impulsado a este cocinero, a sumar a la gastronomía de su pueblo, siendo hoy reconocido más allá de sus límites territoriales.

Texto: Karina Alanís Fotografía: Tomada de la página de SECTUR

Ma. de Jesús Camargo.

Ma. de Jesús nace el 6 de junio de 1975 en el pueblo de Santa Clara, aprende a cocinar al lado de su mamá, los atoles, los guisados, las sopas. Pero a los quince años nació un gusto particular por la especialidad de su mamá el pollo en artesa, que con el tiempo paso a ser el distintivo propio de sus preparaciones.

Se casa con un panadero y a su lado desarrolla, una variedad importante de rellenos para sus empanadas, que son gustadas y buscadas en su barrio.

La Sra. Ma. de Jesús en la actualidad es conocida por los pollos a la artesa, platillo que es servido en las fiestas sociales, como bodas, bautizos en el pueblo de Santa Clara.

Texto: Karina Alanís Fotografía: Ma. de Jesús Camargo Cazares.

Ma. de los Ángeles Alfaro Ortiz.

Ángeles nace un 29 de junio de 1957 en Zacán, es la mayor de 7 hermanos, su papá Filemón Alfaro se dedicaba al campo y la ganadería, mientras su mamá Regina Ortiz a las labores de la casa.

Pueblo donde se trabaja para preservar sus tradiciones, sus valores y sus sabores, “Acá tenemos muchos moles, el tatemado, el cutchi atapakua, el mole de queso, el chusana atapakua, el bisteck de puerco y todos tienen un porque y se sirven en ocasiones diferentes”. Lugar donde todavía las mujeres bordan sus vestidos, de los cuales se siente muy orgullosa.

Al ser la mayor le corresponde apoyar en todas las labores de la familia, desde traer el agua desde la plaza a su casa, también era la responsable de llevar el nixtamal por las mañanas al molino, para después ayudar en la preparación de las tortillas, también aprendió las bases para hacer queso, experiencias que la llenaron de saberes. Ya jovencita observa con curiosidad el movimiento que generan dos de sus tías al preparar comidas, las cuales no se casaron y ejercieron la cocina de las fiestas, ya que eran buscadas por el pueblo para realizar las preparaciones, acompañándolas y aprendiendo primero observando y después participando en las preparaciones. Mujer que ama su comunidad y a sus semejantes, sigue participando en las comidas de la comunidad o en las situaciones que requieran de apoyo como los funerales, donde a decir de ella “allí es donde uno se siente acompañado, que bonito es cuando todos llegan a ayudar”. Pierde a su padre y 6 meses después queda viuda y sin hijos hace diez años, encontrando en el recrear los sabores de su tierra, un alivio y gusto.

Ha participado en el encuentro de cocineras tradicionales hoy encuentro de “Cocinas Tradicionales”, ganando el primer lugar en platillo de rescate con la preparación “Sopa de Maíz”, y un reconocimiento por su mole tatemado, reconocimiento que comparte con otra cocinera de Zacán.

Texto: Karina Alanís

Ma. Victoria Galván.

Victoria nace en Charapan un 12 de diciembre de 1948, es la tercera de nueve hijos, crece en un hogar arraigado al amor del campo y entre olores a levaduras y pan recién salido del horno, su papá dedicado al campo y su mamá además de ser ama de casa era panadera en cuarta generación. La colaboración en las actividades de sus padres las toma a modo de juego, apoyando en la limpieza de los ingredientes y jugando hacer tortillas entre otras actividades y sin darse cuenta colaboraba en las labores de la casa y ejercía la cocina.

Su niñez la pasa al lado de su muñeca de trapo y jugando a las comiditas, a la par que le inculcan el respeto, el amor al prójimo y a la naturaleza, los paseos a los cerros eran parte de su vida cotidiana y recuerda con cariño que eran los momentos de más comunicación con la familia.

Le gusta cocinar los platos tradicionales de su pueblo como son las atapakuas de hongos, res, habas, charalitos y hacer chuscutas (tortillas) y huamaras (tortillas más gruesas) para acompañar los alimentos.

En su casa su abuela y su mamá preparaban el borrego tapado, que es el plato más gustado para las fiestas sociales en su pueblo, haciéndose presente en los bautizos, bodas y parar celebrar en las reuniones familiares por santos o cumpleaños. Así es como ella lo aprende y hoy es su especialidad, siendo ella ya la cuarta generación dedicada a su preparación. También toma el oficio de panadera y hasta el día de hoy lo sigue ejerciendo, “yo sigo, haciendo la levadura casera” lo que conocemos también como masa madre.

Amante de las tradiciones y de conservarlas las practica y trasmite a sus familiares.

Ha participado en varias ocasiones en el Encuentro de Cocinas de Michoacán que organiza SECTUR.

Texto: Karina Alanís Fotografía: María Victoria Aguilar Galván

Martha García.

Martha es originaria de Tzintzuntzan municipio de Salvador Escalante, es la quinta hija y la segunda de las mujeres. Su papá era leñador y su mamá ama de casa, además de las labores de la casa su mamá vendía cena por las noches.

Al igual que su hermana recuerda su niñez como la mejor etapa de su vida, jugando en el ekuaro (sistema etnoagroforestal propio de Michoacán), lugar donde recolectaba, chilacayotes, flores calabaza, elotes.  También recuerda un cerezo, que en temporada era proveedor de fruta para ser comido a modo de golosina.

En la actualidad es ama de casa y trabaja al lado de su hermana en la difusión y valoración de la cocina de Tzintzuntzan.

Texto: Karina Alanís Fotografía: Martha García.

Mireya Talavera Cervantes.

La Sra, Mireya nace en Tzurumutaro municipio de Pátzcuaro, el 15 de febrero de 1967, es la sexta hija de 12 hermanos.

Descendiente de padre agricultor y pescador, el cual sembraba en su tierra la noble y abundante milpa, además de habas, chicharos, garbanzos, según la época correspondiente, conjuntamente del cuidado de los magueyes; y de madre con sangre de comerciante ya que además de ser ama de casa era la encargada de salir a los pueblos vecinos a realizar el trueque, Mireya recuerda que su mamá tomaba los morrales o cubetas repletas de pescado que su papá traía al despuntar el alba. Con los magueyes maduros observaba, como su mamá realizaba preparaciones para la venta externa como el jiote(quiote) y el chical, los dulces del árbol de las maravillas, dulces de antaño.

Amparito nombre de su mamá también fue una vendedora de atole de grano y logro tener un local en el mercado de Pátzcuaro por 18 años aproximadamente.

Mireya comienza a cocinar una vez que cumplió los 7 u 8 años, “ya cuando uno, no se quema”, su inicio en la cocina fue con las tortillas, después a aprendió a moler en el molcajete, seguido de asar chiles, conforme se aplicaba su mamá le fue aumentando las labores, así como poco a poco el realizar por si sola otras preparaciones. Convirtiéndose en pupila de su madre, considerada también maestra cocinera por SECTUR, aprende a confeccionar el mole y las corundas, que tanto disfruta cocinar.  Junto a su mamá participo en los encuentros estatales de Cocina Tradicional”, y desde hace 8 años, se separa de su mamá para formar su propio equipo de trabajo, participando de manera independiente en los antes mencionados encuentros.

Texto: Karina Alanís Fotografía: Mireya Talavera

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Miriam Ornelas.

Miriam es originaria de Paramuen municipio de Salvador Escalante, nace en 1983 y siendo una bebé sus papas se mudan a Pátzcuaro, donde crece al lado de su familia.

Su mamá le enseña las labores propias de una ama de casa y comienza a cocinar cuando tiene 12 años, aprende platillos con torreznos de brócoli, caldos y sopas de habas y lentejas.

Contrae matrimonio a los 20 años de edad, con René Gonzales, perteneciente a la comunidad de Tarerio, y es ahí al lado de su suegra y de la abuela de su esposo, donde aprende las delicias de la cocina que se genera a la orilla del famoso lago.

Desde el 2003 participa al lado de su familia política en el mercado de la Ranita para el Domingo de Ramos y en el encuentro de las cocineras del estado. En 2011 recibe el reconocimiento como nuevo valor emitido por SECTUR.

Texto: Karina Alanís Fotografía: Miriam Ornelas

 
Norma Alicia Urbina Ángel.

La Sra. Norma, es originaria del Barrio de San Pedro que se encuentra en la ciudad de Uruapan. Crece en un hogar extendido, al lado de su abuelo y abuela, de su mamá y sus tías, llevando a cabo actividades a la par de ellas.

Su abuelo dedicado a las labores de la tierra y su abuela ama de casa y emprendedora ya que elaboraba pan grueso (pan muy querido en Uruapan), y por las tardes su cocina se llenaba de los aromas que salían de las ollas de barro colmadas de uchepos y del atole de grano, para después ofrecerlo a los paseantes del barrio lo que hizo que la familia fuera famosa en el barrio.

Recuerda que desde niña le llamo la atención primeramente la elaboración de las tortillas, por lo que, casi sin darse cuenta, fue realizando otras actividades dentro de la cocina, al crecer como cualquier joven se resistía a realizar las labores que exige la cocina, pero le recordaban que había que colaborar para el bienestar de la familia. Al lado de su abuela, aprendió a realizar las alquimias del mole, a ejecutar con sutileza y destreza las atapakuas, a replicar los aromas que despiden las ollas con uchepo y a perfumar con maestría el esmeralda del tan tradicional atole de grano.

Al casarse, con el tiempo se gana la confianza de su suegra y ella también le hereda la saber de la elaboración de la soricua y el mole de iguana.  Deciden con su esposo mudarse a la ciudad de México donde viven un par de años, para después regresar a su bello Uruapan, con la certeza y con un amor más fuerte hacia su tierra.

En la actualidad la Sra. Norma además de realizar las ocupaciones de ama de casa, trabaja al lado de su esposo en el campo, producen una variedad de verduras orgánicas, crían gallinas con alimentación libre de químicos para venta de huevos y de su carne.

Pero su amor por su pueblo y las raíces, la alientan a formar un coro, con señoras para cantar en purépecha en las fiestas patronales, a la par de un grupo de danza donde se esfuerzan por revalorizar la danza de “Las aguadoras” originaria del mismo barrio de San Pedro.

Ocupada por conocer la profundidad de sus raíces purépechas, es parte de un grupo de estudio de las tradiciones de Uruapan y sus alrededores, toma clases de purépecha para mirar con ojos purépechas el mundo. El año pasado recibió un reconocimiento por su labor de difusión por parte del municipio, por lo que es promotora cultural de Uruapan.

Ha participado en el evento estatal de Cocineras Tradicionales, ganando en su primera participación el primer lugar en la categoría de rescate con la elaboración de pozole de trigo.

La Sra. Norma Alicia se siente feliz por participar en los eventos como cocinera, ya que considera que, aunque Uruapan es una ciudad, es un honor para ella trasmitir que los barrios del lugar donde las plantas tienen siempre fruto, siguen conservando ese vínculo con la cultura purépecha atreves de la cocina y los danzas.

Texto: Karina Alanís Martínez Fotografía: Norma Alicia Urbina Ángel

Timotea Rangel Galván.

La Sra. Timotea es originaria de Paricutín San Salvador, comunidad que yace sepultada, al hacer erupción el volcán Paricutín.

Su niñez la vivió en su pueblo hoy desaparecido, su papá era vaquero de ganado propiedad de uno de sus tíos, por lo que vivían fuera del pueblo al lado de su mamá, mientras ella era crecía con sus abuelos, corriendo entre la huerta de frutas de su abuela y la milpa de su abuelo. Recuerda con cariño como su abuelo llegaba con calabacitas, papas, frijoles tiernos, cilantro y elotes entre otros, ingredientes con los que aprendió al lado su abuela los primeros guisos como las atapakuas.

Al tener que abandonar su tierra natal, construyo al lado de los todos los pobladores del antiguo San Salvador, el nuevo pueblo llamado hasta hoy Caltzonzin.

Crece extrañando su tierra, recordándola y honrándola siempre al cocinar, preparando atapakuas, churipos, corundas, quelites y atoles. Y preparaciones ya poco aceptadas por las nuevas generaciones, como la atapakua de pescado seco, caldo de pescado seco y quelites lengua de vaca, quelite de puerco y quelite mortasa.

Queda viuda y sin hijos, ha compartido su sabiduría con su sobrina, cocinar la llena de vida y disfruta replicar aquellos platos que comía en San Salvador.

La Sra. Timotea es también conocedora la medicina tradicional, por lo que ha sido invitada a otros estados a compartir sus saberes.

Ha participado en el mercado de la Ranita en semana santa y en el encuentro de Cocineras Tradicionales desde sus inicios.

Texto: Karina Alanís Fotografía: Marina Rangel.